Como podría llamar hoy día a esas
personas o ciudadanos que se dedican a fastidiarnos la vida. Que pareciera
que desde que el día empieza su único propósito es inventar la forma de
molestarte o interrumpir tu paz. Para citar ejemplos, el
vecino que llena tu zafacón con su basura, o que se parquea mal en
el estacionamiento del edificio impidiendo que tú puedas estacionar tu
vehículo. O aquel que como si te acechara para que cuando atinas a robarle un
rato de sueño a un sábado o domingo coloca en su más alto volumen y en la
peor calidad de sonido un género musical que te causa la mayor de las náuseas.
O simplemente, el imprudente conductor que bloquea las intersecciones cuando
llevas la mayor de las urgencias solo porque él se cree ser la
encarnación de algún Dios mitológico., O el más genial de estos
ciudadanos, el
mago del infortunio, que te desaparece los centros de aros de tu vehículo, o el
celular de tus manos en lo que tu parpadeas. Creo que llamar a todas estas personas
“los Molofoquis” seria ofender a todos los inocentes
muchachos del barrio que solo tratábamos de divertimos
sanamente con un juego de pelota en las calles del barrio.
Durante toda mi niñez hasta principios de
mi adolescencia era parte de mi rutina diaria el jugar pelota (base ball) en
las calles de mi barrio o urbanización como fue denominado el lugar donde
crecí. Era una cita casi obligatoria todas las tardes para todos los
muchachos y algunos que otros de lugares aledaños
a los cuales ya les habíamos concedido la ciudadanía o permiso
de residencia en nuestro barrio, juntarnos para este evento.
Un día jugábamos pelota en frente de la
casa de Fiji; justo en el otro frente estaba la casa de un
niño que se había recién mudado en el barrio y aún no había hecho amistades
con nosotros el grupo de muchachos. Fiji, su vecino del frente nos comentó
que su mama le había dicho que ese niño era hijo de madre
dominicana, que su padre era de origen extranjero, y que esta
familia venía a residir a la Republica Dominicana por asuntos de
algún tipo de trabajo diplomático del padre. El niño aparentaba ser dos o
tres años más joven que el promedio de la edad de nuestra generación, y lucía
un poco introvertido. Mientras nuestro juego de pelota transcurría el niño
permanecía sentado en la galería de su casa como un espectador desde su palco
abonado y a su lado la muchacha del servicio que lo atendía. Mientras esperaba
mi turno al bate en una que otra ocasión logré escuchar al joven cruzar
palabras con su niñera y me pareció un personaje sacado de los
muñequitos de la televisión, hablaba un español perfecto, pronunciaba todas las
palabras correctamente sin cortar ninguna, ni mucho menos comerse una
“s”, e incluía un vocabulario exquisito, sin modismos,
ni dominicanismos, cosa muy extraña para un niño de esa edad y en esa época. Mi
sorpresa fue aún mayor cuando el niño empezó a hablarle en inglés a
su madre. Si raro era para mí escuchar a un niño hablar
correctamente castellano, más raro era uno que hablara inglés.
El juego de pelota siguió su curso, y le
tocaba el turno al bate a Wilson, quien tenía como
estrategia hacer muchos gestos, muecas, y decir palabras amenazantes con
el objetivo de poner un poco de presión sicológica al equipo contrario en
especial al pitcher o lanzador; regularmente Wilson hacía un swing violento al
primer lanzamiento para dar más dramatización a su estrategia de
amedrentamiento, y fue justo en ese momento cuando el bate se zafó
de sus manos y voló dando vueltas por el aire como un bumerán.
El bate chochó contra la pared de la casa
del niño recién mudado, el impacto causó un gran estruendo, seguido de un gran
silencio de todos los muchachos que participábamos del juego, y como siempre la
suerte actuó a nuestro favor. Solo faltaron unos cuantos centímetros más arriba
para que el bate hubiese roto todo el ventanal de cristal del frente de la
casa. La joven del servicio o niñera salió en bola de humo hacia la galería y
desde allí nos gritó con voz enfurecida:
“Rompan ei’ vidrio, baisa e’
Molofoquis. Todos quedamos un poco paralizados por el susto, pero más
asustados aun con la expresión, la cual no lográbamos descifrar, o más
bien saber que nos quisieron decir. Después de este suceso decidimos
dejar por terminado el juego y todos marchamos a nuestras casas. Yo
permanecí por varios días pensando en aquellas palabras. Luego unas semanas
después, cuando unos cuantos de los que estuvimos presente nos reíamos de
lo que sucedió aquel día, mi amigo Kiko, logró explicarnos la
famosa frase. Se trataba de que aquel niño había estado dando clases o
mejor dicho, enseñando a decir malas palabras en inglés a su niñera, la
cual con su acento del cibao las repetía como perico y las hacia
parte de su léxico ordinario.
Finalmente
gracias a mi amigo interprete entendí que la traducción de la frase “ Rompan
ei’ vidrio, baisa e’ Molofoquis”, no era más que un llamado de atención o
advertencia irónica de “Cuidado con romper el vidrio balsa de hijos de su
Madre”, digo esto así, para no caer en lo grosero y citar literalmente lo que
la niñera pensó realmente nos decía mentando nuestra madres en inglés. Desde
aquel dia, los “Molofoquis” es el adjetivo de mi vocabulario personal para
etiquetar a esa raza de individuos que actúan sin el menor rasgo de moral y
civismo, y que lamentablemente en nuestro país esa especie ya se ha convertido
en una plaga que se come nuestra sociedad. Pero como dije en principio, creo
que llamar “Molofoquis” a los ciudadanos que exhiben estos comportamientos
indeseables, seria ofender a todos mis amigos de infancia que solo nos divertíamos
sanamente. A pesar de todo creo que, aún estamos a tiempo para rociar a nuestros
hijos con el repelente apropiado e inocularlos con la vacuna de valores, y
justicia para que no sean contagiados o picados por esta temible plaga.
Postdata: Hoy día aquel niño llamado en la
historia el recién mudado es un excelente embajador de la
República Dominicana en un país lejano de oriente.
Está muy buena la historia....jajajja Molofoquis jajajajajajaja me encanto
ResponderEliminarJa ja ja ja, si me acuerdo de esa historia....
ResponderEliminar