sábado, 16 de abril de 2016

La Rotomialgia


He recibido con mucha  satisfacción la gran acogida por parte de ustedes a mis publicaciones en el blog. Muchos me han manifestado que se han divertido en especial con el tema de las “IN-fermedades”y me han solicitado  seguir escribiendo sobre este tópico en particular. Aquí les dejo otro  aporte a la medicina social para el disfrute de ustedes.
La Rotomialgia es una infermedad  conocida desde hace mucho tiempo; desde niños hemos visto a nuestros padres padecer esta terrible enfermedad que deterioraba nuestro entorno y calidad de vida. Ataca a toda la población laboralmente activa y no distingue raza, ni posición social.
Esta patología, cuenta de tres fases principales que se van agravando en la medida que el virus evoluciona. En su primera fase esta infermedad  se le denomina “olla”,  los pacientes que contraen la enfermedad se le dice que “están en olla”. 
La expresión deriva de su sintomatología, ya que las personas se sienten como si estuviesen dentro de una olla mirando hacia arriba buscando el modo de poder salir. Otros paciente han reportado sentirse con fiebres muy altas como si la olla estuviera  al fuego y con la tapa puesta.  Esta primera etapa puede durar muchos años o desaparecer paulatinamente  a medidas que el paciente  se somete a una rigurosa dieta de gastos y consumos, y reciba un tratamiento adecuado con altas dosis de EFT (EFecTivo). El EFT es el único tratamiento eficaz para esta infermedad, sin embargo  es un medicamento altamente controlado y difícil de conseguir, suele venir en diferentes presentaciones y su aplicación depende del tipo de paciente. Para pacientes asalariados puede usarse: “Inyecciones de Bonificacionato”, combinadas con  “Capsulas de Aumentato de Sueldum”. Para  pacientes que trabajan independientes funciona  un jarabe hecho a base de “Negocitos Chiripasis”.
En su segunda fase la infermedad es conocida por el nombre de Malandria, que viene de la enfermedad Malaria, ya que al paciente se le ve  igual de “debaratao”. Durante esta etapa, las personas empiezan a sufrir mucho debido a la acumulación de deudas con amigos y pagos pendientes en sus facturas de celular, luz, internet, entre otros. La condición empeora porque el infermo puede  presentar estados de ansiedad y angustia, provocados por la sacada de pies de  las amistades cercanas y la negación de todo el mundo a facilitarle alguna dosis de EFT  para calmar los embates de la In-fermedad.
La Rotomialgia, conocida popularmente también  como, Roten o Rotonda,  es la  tercera y última etapa,  es la fase terminal donde  la infermedad suele hacer metástasis y afectar a otros miembros del entorno o la familia.
 Es lamentable ver separaciones de parejas de esposos o novios a causa de este terrible mal. Suele pasar con mucha frecuencia que los pacientes en esta etapa tratando de buscar mejorías acuden a medicamentos tales como las tarjetas de crédito, la consolidación de deudas con instituciones bancarias o mucho peor a los remedios de los  prestamistas. Estudios reciente han demostrado que estos tratamientos no funcionan en todos los individuos, sino que por el contrario en el corto plazo empeoran al paciente.
Por otro lado se ha comprobado que inmediatamente eres funcionario o  te nombran en algún buen cargo público te vuelves  inmune a la infermedad.
Finalmente nos atrevemos a asegurar que en estos momentos un alto porcentage de los dominicanos estan afectados de esta infermedad en algunas de sus etapas,  y cabe mencionar la irresponsabilidad del Estado y los gobiernos de turnos de los últimos 50 años, en NO buscar alternativas efectivas para  frenar la propagación de esta horrible  pandemia. No han habido acciones  eficaces para combatir los factores que provocan este mal, tales como: reducción del desempleo, control sobre los precios, mejor manejo de la economía nacional y  vacunación contra la pobreza.
Mis amigos les aconsejo que en la medida de lo posible  no se gasten todo el dinero que se ganan, siempre dejen algo. El ahorro es una excelente  pomada  para estos males.
Un abrazo, Dios les bendiga y hasta el proximo jueves.




sábado, 2 de abril de 2016

¿DONDE VAN NUESTRAS OFRENDAS?





En innumerables ocasiones he tratado de explicarme o entender esas fuerzas internas que nos tientan o impulsan a romper las reglas. Cruzar un semáforo en rojo, tomar un parqueo para embarazadas o discapacitados, bricarnos las filas, o la más grave de todas, tomar lo que no es nuestro. Los entendidos  en estrategias de negocios las llaman “potenciales instintos de  líderes agresivos” y otros califican estas acciones como “estrategias de supervivencia”. Por mi parte, esto no es más que querer aplicar “tigueraje” o pensar que los demás somos  unos P…, y no pariguayos precisamente.
Desde muy temprana edad mi madre y mi tía Dilcia me llevaban a misa y al catecismo sabatino. Un día después de misa mientras caminábamos de regreso a la casa le pregunte a mi tía, ¿qué hacían con el dinero que se recolectaba durante la misa  en esas canastas?  Mi tía me dijo que eso se llamaba ofrendas, y que este dinero, Dios se lo llevaba al cielo. ¿Cómo así? Pregunté sorprendido. Mira Chiki eso es un milagro, me dijo tía Dilcia. Ves cuando te pones a jugar con la acetona mientras yo me quito el esmalte de las uñas, cuando te la pones en las manos se evapora, es decir que se te va de las manos y no la ves, así mismo se van esas monedas de las ofrendas  al cielo con  Dios.
Pasé toda la semana pensando en esta explicación de mi tía, y ansioso de que llegara el sábado para contarle lo  aprendido  a mi amiguito y compañero de catecismo Erick. En mi clase de catecismo, como estrategia de motivación, seleccionaban semanalmente los  dos niños que participaran más activavamente en las clases y hubieran realizado todas sus tareas para que estos  llevaran  las  canastas de las ofrendas en la misa de Domingo. Mi amigo y yo decidimos preparamos bien con ese propósito y un par de semanas después fuimos selecionados.
Llego el día del esperado evento y minutos antes de empezar la misa nos dieron las instrucciones de lugar, a mi amigo le tocaría hacer la colecta del ala derecha de la iglesia y a mi del ala izquierda. Realizamos el recorrido, acompañados  de un adulto, luego entramos a la sacristía y dejamos las canastas sobre una mesita. Mi amigo y yo ya habíamos planeado quedarnos dentro de la sacristía para ser testigo del milagro de la evaporación del  dinero al cielo. Esperamos un rato y nada sucedía, por un momento se me ocurrió que debido a la perturbación causada por nuestra presencia el milagro no ocurriría.
La misa terminó, el padre entró en la sacristía, se quitó su indumentaria, sacó su pañuelo, lo abrió sobre la mesita y procedió a vaciar el contenido de las canastas en el, juntó las cuatro esquinas del mismo,  las ató con un nudo, como el hatillo del chavo del ocho y lo entró dentro de uno de  los bolsillos delanteros del pantalón. En ese momento sentí que quien deseaba evaporarse era yo. Quedé en un estado de shock, más inmóvil que el crucifijo que colgaba en la pared. El cura nos miró y con su acento español nos dijo: “Chicos todo ha terminado, podéis id a casa en paz. Gracias por su colaboración”.
La semana siguiente Erick puso más empeño que la anterior y volvió a ser seleccionado para recoger las ofrendas. Al terminar la misa se me acercó, abrió la palma de su mano y me mostró una moneda de 25 centavos, toda una fortuna en esa época y en forma muy irónica me dijo: “Si el padre Cesar puede, ¿porqué yo no”? Debo de confesar que esto me marcó de tal manera que duré muchos años alejado de la iglesia.
Ahora mirando al pasado me pregunto: ¿Fui el culpable que  mi amiguito Erick encontrara desde niño una justificación para sus malos actos, y hoy sea un alto funcionario corrupto con varias acusaciones por tomar el dinero del estado? ¿O culpo a mi querida tía Dilcia? Que por no maltratar mi inocencia, no me dijo, en un lenguaje que yo  pudiera entender, que la iglesia tenia gastos, de  luz, agua, mantenimiento, obras de bien social, entre otros  que se pagaban con el dinero de las ofrendas o con donaciones de los feligreses y el padre era la persona encargada de administrar ese dinero.Tal vez simplemente  nadie debe cargar con esa culpa.
Solo nos tomaría dos segundos hacer una retrospectiva en nuestra memoria y determinar, si lo que yo denomino “las fuerzas internas del mal” que nos están impulsando a romper la reglas en un determinado momento, provienen de una desinformación, un paradigma mal concebido, o simplemente una forma de justificarnos nosotros mismos alegando que “Si los demás lo hacen ¿porque yo no?”.
Si aun después de esta reflexión no logramos sofocar el instinto de hacer algo que sabemos que no es correcto,tal vez deberíamos ser capaces de tomarnos dos segundos más, inclinar los  ojos al cielo e implorar: “Dios mío, haz el milagro: Evapora esto que estoy sintiendo”
Eduquemos a nuestros hijos en la fe de Dios, con buenos ejemplos y hablémosle claro. Ya caperucita no es apellido roja, sino la señora de Feroz.

 Un abrazo, y hasta la próxima entrega.