Los acontecimientos de los últimos meses nos llevan a pensar que los dominicanos ya no vivimos “entre Lucas y Juan Mejía”, sino más bien entre “el infierno y la boca er diablu”. Me imagino que, plantas de gas que explotan, un ranger que sale a darles caza a sus agresores, asesinatos de personas por carguitos políticos, serían sucesos de un día normal en el infierno. Mientras tanto para los que vivimos dando saltos y en la zozobra tratando de no ser engullidos por la situación económica actual, sería el equivalente a vivir dentro de la boca del diablo.
Pero hoy, lo que realmente me hace sentir preocupado, es
ver cómo vivimos en un espejismo económico que nos hace sentir y pensar que
estamos bien, sin embargo, al revisar
nuestras finanzas personales nos damos cuenta que siempre estamos “descuadrao”.
Me sorprende ver como algunas personas de niveles salariales muy bajo pueden
exhibir teléfonos celulares de última generación y gastarse el dinero en recargas y paquetes de
data, solo por estar enmarañados en las redes sociales y en el chateo por
Whatsapp. Todo esto indica que
estamos en total contradicción con la “pirámide de Maslow” y su teoría de
las jerarquías de las necesidades humanas.
No pretendo controlar el dinero ajeno; me apego
al refrán de que “cada cual hace con lo suyo un saco y se mete”,
pero me duele ver como toda una generación de jóvenes ven pasar antes sus
ojos las siete vacas flacas del relato bíblico y sigue gastando su dinero en
leche en polvo.
El diciembre pasado se me ocurrió preguntar a los
muchachos del taller en qué se gastarían su doble sueldo; uno de ellos
comentó que se compraría unos tenis “Jordán Retro”, y otro, que ya tenía
separada en una boutique de San Cristóbal lo que él llamaba “la pinta completa”:
gorra, camiseta, pantalón, correa, y tenis. Todo aquello con el fin de ser la
sensación de la fiesta de navidad de la empresa. Lo grave era
que este ajuar les costaría su doble sueldo completo más la
quincena. Cuando llegó enero me contaron con tristeza sus frustraciones por
estas decisiones que habían tomado. El de los tenis “Jordán” lo atracaron para quitarselos, y el de la pinta me contó
que su esposa lo había dejado porque con tantas precariedades en su casa no le perdonaba
la inconsciencia de haber gastado todo los chelitos de diciembre.
Esta ilusión óptica de bonanza económica sumada
a la lluvia de campañas publicitarias nos están arrastrando cada vez más
al consumo de productos y servicios que no están a nuestro alcance, llegando en
ocasiones a caer en trampas financieras para poder adquirir o mantener el
producto o servicio, o simplemente para estar a la moda.
No es mi
intención cambiar los patrones de consumo de ustedes mis queridos amigos, de
acuerdo con el Sr. Darwin las especies evolucionan, y pienso que el que trabaja
tiene derecho a vivir bien y cómodo, simplemente esta publicación es una
reflexión para ayudar a ajustar los cristales de los lentes con que estamos
mirando la economía del país , no dejarnos engañar por las marcas y
ser económicamente un poco más inteligentes.
Mi punto de vista parece estar en desacuerdo con
los boletines del Banco Central, pero siempre he tenido la percepción de que las
personas que hacen las encuestas para elaborar estos informes solo tocan las
puertas de las casas de los funcionarios del gobierno de turno. A la mía
nunca han ido ¿y a la tuya?
Reciban un fuerte abrazo.
Nota: la pronunciación de “er diablu” se debe a mi
acento Barahonero.
A la mia no ha ido tampoco! ! ! Yo gracias a Dios que he aprendido mucho arroparme hasta donde me de la cobija como dice mi mama,Sin desperdicios
ResponderEliminar"Hoy en día la gente conoce el precio de todo y el valor de nada" ... MC
ResponderEliminarExcelente
ResponderEliminar'So jer diablu!!!
ResponderEliminarPrimo lo que mencionas es mas bien el paradigma que existe en la sociedad internacional en general. Estamos viviendo en una epoca digital donde todo se consigue desechable y de manera instantanea.